El artista afirma que con su exposición «Trato de revivir la primera vez que llegué a Madrid y me vi solo en la Puerta del Sol a una hora punta, sorteando a la gente como si de un laberinto se tratara. Nunca me sentí tan solo entre tanta gente. Pero observas que ellos también van solos, es como un mar de soledades, angustioso».
El escultor Félix Reyes (Valleseco, Gran Canaria, 1941), Galardón de las Bellas Artes de La Rioja 2002 y uno de los artistas vivos más queridos en esta tierra, no está, ni mucho menos, solo: casi un millar de admiradores le arroparon en el Museo Würth al presentar la exposición 'Aún aprendo', la mayor antológica sobre su obra, que podrá verse hasta noviembre, compartiendo espacio con obras de la colección privada, desde Picasso hasta Barceló, pasando por Manolo Valdés. Reyes está entre amigos.
Lo cierto es que Féilix Reyes lo merece y ahora el Würth, que ya antes dedicó exposiciones monográficas a los artistas riojanos Vicente Gallego y José Carlos Balanza, le hace justicia.
Aparte de un grupo de unas cuarenta piezas de bronce, piedra y madera de entre 1965 y 2007 (algunas de ellas bocetos de obras posteriores) que ilustran la evolución de Reyes, aquí pueden contemplarse reunidos por primera vez los tres conjuntos escultóricos más recientes, seguramente también los más importantes. «Ahora veo las obras como espectador -comenta- y algunas hasta las robaría si no fuesen mías. Sería incapaz de retocarlas; ya están hechas y ahora pertenecen a todos los demás. Y siento una emoción terrible. Es un lujo».
Aquí están 'Lugar de encuentro' y 'Mi barrio', así como 'Solidaridad', a cuál más espectacular, expuestas ya en diversas ocasiones desde 1998, 2000 y 2007 respectivamente. Y se presenta por vez primera al completo 'Laberinto', un conjunto de 365 figuras de madera al que Reyes ha dedicado los últimos tres años. «Trato de revivir la primera vez que llegué a Madrid y me vi solo en la Puerta del Sol... Y me pregunto cómo se siente un inmigrante que además desconoce el idioma».
Pero, efectivamente, él no está solo porque es el primero en darse a los demás, desde su Valleseco natal hasta El Sequero con su museo de arte contemporáneo, pasando por la Escuela de Arte, en la que fue profesor durante décadas, y la Santa Lucía del 'Arte en la tierra' que promueve para otros creadores.
«Aún aprendo», dice él; pero en realidad todavía enseña mucho más: «El artista que tiene un estilo y lo explota está muerto. Cada obra tiene que ser como resolver un problema diferente, un nuevo reto».

