El pintor reflexiona sobre cómo durante siglos un planteamiento academicista de la historia no tuvo en cuenta la calidad de la pintura románica: «se rasparon los paramentos y el enlucido, dejando a la vista los sillares de piedra de las iglesias, desapareciendo así complejos y amplios programas iconográficos de un periodo en el que las noticias documentales y cronísticas no abundan».
El fondo y la forma
Por eso, desde el punto de vista formal, en la obra de Baroja encontramos cuadros de acrílico y técnica mixta sobre tabla con enlucido, que toman el muro como soporte comunicativo. Esa técnica le sirve para plasmar una iconografía religiosa de línea contundente, de color plano y estridente, muy propia del románico. Pero ese clasicismo se muestra a ojos del visitante con la inexorable pátina del tiempo, la desidia y la intervención del hombre. Este binomio forma-fondo adquiere un mensaje conceptual que se manifiesta sobre superficies enfoscadas mediante signos, incisiones, desconchados, humedad y mugre, además de con dichos y pintadas populares que revelan aspectos etnográficos. Al observar su pintura de cerca, se pueden leer leyendas medio borradas por el tiempo, que atesoran saber popular. «En la puerta del rezador no tiendas el trigo al sol», «más vale una hija puta que cien hijos canónigos» o «Dios me libre de las personas bien habladas».
«Son refranes que he escuchado a mis abuelas y familiares y que he querido mezclar con anotaciones irónicas, garabatos y dibujos infantiles de mis hijas», conformando un universo de graffitis informales y gratuitos.
Sentido del humor
A simple vista, se nota que Baroja acomete su obra con sentido del humor, el mismo sentido del humor que se palma cuando se habla con él. La concepción que tiene sobre el arte en general, y su proceso creativo en particular, se hace visible mediante estos vestigios expresivos, a medio camino entre la realidad y la ficción, entre los que ocurrió y lo que pudo ocurrir. Pero, en definitiva, se trata de huellas, de vivencias y acontecimientos con historia o sin ella.
Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, Luis Ángel Baroja Herreros perfecciona su dedicación a la enseñanza artística en el Instituto Sagasta de Logroño con una constante labor creativa.
Si la anterior muestra, titulada 'Paredes', partía del material fotográfico recogido en sus viajes veraniegos en vespa, como la imagen de aquel misterioso hombre a caballo entre los trigos de Nitrato de Chile, impagable publicidad de los años 50, ahora se ha adentrado en el post-románico más irónico.
LUGAR: Colegio Aparejadores (Herrerías 39)
FECHA: Del 16-06-09 al 03-07-09
HORARIO: De lunes a viernes 10:30 a 14 horas

