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Los símbolos de San Bernabé
El alcalde de Logroño, Tomás Santos, ondeando la bandera de Logroño en anteriores fiestas de San Bernabé. /J.R.
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SAN BERNABÉ

Los símbolos de San Bernabé

Una fiesta marcada por el símbolo, por el significado, por las tradiciones expresadas por ‘El Voto de San Bernabe’ «por siempre jamás»
San Bernabé es una fiesta marcada por el símbolo, por el significado, por la estructura ausente, que diría Umberto Eco: dios pagano de la semiótica, que en Logroño estos días sería un ser feliz escrutando la flor de Lis del escudo de la ciudad (concedidas por Carlos I por el valor de los logroñeses durante el sitio francés de 1521), el aspa del pendón o dando rienda suelta a sus indagaciones mientras grupos de jóvenes adolescentes pasan una y otra vez bajo el arco de Portales a ver si el destino les depara un varón digno de su belleza y de su simpatía jovial.
08/06/2011
 
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Texto: P.G.M.

Y es que San Bernabé es como un libro repleto de significados, de mitos e incluso de supersticiones. De hecho, hay algún especialista en estas cuestiones que es capaz de sostener que es necesario pasar tres veces (tres, ése es el número) por debajo de la puerta mágica de la Erbentia –calle Portales– para que Cupido le lance a uno el venablo. Incluso, se ha llegado a oír que para que el conjuro obre con más vehemencia, hay que pasara a la pata coja. Otros dicen que es mejor pasar sin respirar y volver una vez casados... De unos años a esta parte, otra costumbre es llevarse las ramitas de boj a casa casi de una en una.

Pero hay una parte de toda la simbología que tiene un origen, digamos que canónico, y que viene marcado en el Voto de San Bernabé «para siempre jamás». Este documento expresa que bajo los arcos triunfales debía pasar la procesión de San Bernabé. Antaño, dicha anda era transportada por labradores, dado que Logroño era una villa eminentemente agrícola.

En la cabeza de la procesión se sitúa el alcalde, ondeando en Pendón de la ciudad. Pero existen tres lugares donde el alcalde ha de dar los tradicionales banderazos. El primero, bajo el Arco de San Bernabé, como símbolo de la existencia de la Puerta de la Erbentia; el segundo, frente a la puerta del Hospital de La Rioja, enclave histórico de la Puerta de San Francisco, y el último y más conocido, en la Puerta del Revellín, la única que se conserva de las murallas originales. Aquellas que resistieron el sitio de Asparrot.

Pero cuando el general galo se enteró –el 10 de junio de 1521– de que 20.000 hombres armados hasta los dientes acompañaban a Antonio Manrique, a la sazón duque de Nájera y virrey de Navarra, con la intención de plantar cara al invasor, levantó sus reales de las inmediaciones de nuestra ciudad y volvió las grupas de sus caballerías dirección a los Pirineos.

La ciudad, toda ella sumida en el más emotivo y profundo de los alborozos, celebró su resistencia a los francés y su victoria final. Así que al día siguiente, once de junio, la ciudad toda juró el Voto de San Bernabé, que cada año se conmemora en recuerdo de la gesta de 1521. Pero después de los más de cinco siglos que han transcurrido desde aquella fecha, muy pocas cosas han cambiado en la forma que tienen los logroñeses de celebrar estas fiestas. Se sabe que durante los siglos XVI y XVII se llegaban a colocar cinco arcos triunfales muy parecidos al único que ahora se instala frente al palacio de los Chapiteles. Y como el Voto de San Bernabé señala, la procesión pasa por debajo de este gran símbolo. Y a su cabeza, el alcalde de la ciudad portando el pendón. Así que con el pez y el vino, los banderazos y la procesión de San Bernabé, Logroño recuerda sus hechos más míticos.

El pendón de Logroño o bandera de la ciudad posee un origen incierto. Su signo definitorio es una cruz en forma de aspa que simboliza el sacrificio de San Andrés. La cruz, reconocida oficialmente en el siglo XVIII, se puede encontrar en diversos blasones de la capital riojana. Este símbolo fue colocado con motivo de la ayuda prestada por la ciudad de Logroño en la toma de Baeza en 1227, siendo una concesión de Fernando II El Santo. El pendón o bandera de la capital riojana aparece al inicio de las celebraciones patronales, protagonizando el acto de apertura de las fiestas bernabeas.

Durante los días de asedio, muchas fueron las vicisitudes que tuvieron que afrontar los logroñeses; el hambre también fue una de ellas. A falta de otro alimento, los habitantes que resistían al otro lado de la muralla hubieron de ingeniar algunas tretas para conseguir viandas. Puesto el sol, los logroñeses, cuidando de no ser vistos por los franceses, se adentraban en el Ebro para pescar algunos peces, ciprínidos, para ser más exactos. Eso y un poco de pan y vino, reservado en las bodegas de la ciudad, ayudaron a sobrevivir al asedio francés. Desde entonces, el 11 de junio se conmemora la liberación del pueblo logroñés de los franceses con el reparto del pez, pan y vino entre los ciudadanos. A cargo, por supuesto, de la Cofradía del Pez y en un lugar emblemático: el Arco del Revellín. Habrá que mirar por si se ve a Umberto Eco escrutando los sabores semióticos del asunto.

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